De la web de ChilePrimero extraigo esta nota.
Estamos viviendo la reconstrucción de un nuevo escenario político, donde las claves de interpretación y acción política apropiadas para el siglo XX pudieron ser útiles, hoy devienen obsoletas. En esta búsqueda de un Chile para el siglo XXI, sólo cabe seguir estableciendo y ampliando diálogos y acuerdos sociales y políticos, vinculando sociedad civil y nueva política democrática.
Escrito por Adolfo Castillo - Director Ejecutivo Libertades Ciudadanas
Desde hace una década se ha venido evidenciando una preocupante situación en el estado de salud de nuestra democracia, toda vez que, desde su recuperación, en 1990, no ha habido un mejoramiento sustantivo en su calidad, ni se constata que la ciudadanía se reconozca como parte de una agenda de futuro colectiva, los jóvenes se integren al sistema político o la sociedad civil participe activamente en los asuntos públicos.
Hacia fines de los años noventa comenzó a emerger un conjunto de señales de un difuso malestar social que se prolonga hasta nuestro tiempo, que logró capturar en sus primeros contornos el Informe de Desarrollo Humano del PNUD Chile, en 1998. Como bien señaló Lechner(1), una de las fuentes de descontento con la democracia radica en el desempeño del mismo sistema político. Ese Informe dió pistas para comprender lo procesos que tienen lugar en nuestra sociedad a la vez que expresan las primeras señales de cambio en la sociedad y su relación con la institucionalidad democrática. El desarraigo experimentado por la población con respecto a la democracia estaría asociado a "la tendencia de tantos chilenos a sentirse ajenos a los cambios y a no comprometerse con el régimen democrático" lo que puso en evidencia "la debilidad del Nosotros". La nueva ciudadanía no alcanzaría a vivir los cambios como algo "nuestro" porque no habría ni una experiencia práctica ni un imaginario del Nosotros que les permita sentirse parte de un sujeto colectivo. La indiferencia reflejaría un desarraigo cultural de la democracia”.(2)
El escenario en el que ha tenido lugar este proceso está claramente señalado por el nuevo rol que comenzó a desempeñar el Estado de la pos dictadura. En efecto, tras el debilitamiento experimentado por el Estado de Chile durante el régimen militar, la matriz de articulación sociopolítica, o el modo en que se relacionaban actores sociales e instituciones políticas en el país, y que permitió dar una fisonomía delineada, enfrentó fuertes modificaciones que, entre otros efectos, alteró las formas de representación social, vinculadas al sistema de partidos políticos; modificó los roles históricos de un Estado comprometido con la protección social y la seguridad de las personas, lo desperfiló en su rol económico y la transformó en un ente con escasas facultades reguladoras de las fuerzas del mercado, destacando la pérdida del sentido de proyección histórica que brindó a la sociedad a través de proyectos colectivos que movilizaron esperanzas y sueños de millares.
Es posible que este último factor sea uno de los más trascendentes y explicativos del fenómeno de la desafección ciudadana de la política en el Chile actual.
Por otra parte, el proceso de democratización ha sido limitado a la reproducción de los factores de gobernabilidad establecidos por el andamiaje institucional heredado de la dictadura militar, no asumiendo la demanda que emergió hacia fines de los años ochenta, de abrir paso a una democracia con participación y protagonismo social. Ello ha tenido entre otras consecuencias, el incremento de la brecha social o la desigualdad en Chile, y la desarticulación de la sociedad civil, la cual se expresa de un modo fragmentado, con un débil impacto social(3), no está articulada a proyectos sociopolíticos, y con una escisión creciente de la institucionalidad política existente. Esta desarticulación social resultante se ha expresado principalmente en el temor y la inseguridad, desafiliación política y debilitamiento de los lazos colectivos y comunitarios.(4)
Un estudio del PNUD(5), concluyó que, mientras en 1996 el 61 % de la población entrevistada en la región prefería la democracia respecto de cualquier otro régimen, en 2003, tal adhesión descendía al 57 %. De estos, casi la mitad (44.9 %) que decía preferir la democracia estaba dispuesto a apoyar a un gobierno autoritario si este resolvía los problemas económicos de su país.
EL FIN DE UN CICLO HISTÓRICO
Mirado en perspectiva estos años de gobierno y de Concertación de Partidos por la Democracia – coalición gobernante por 18 años - podemos señalar que todo proceso político y cultural se desenvuelve en etapas o ciclos que, conforme se suceden en el decurso de la acción, van dejando con su paso a los protagonistas como espectros anclados a discursos e imágenes que en un momento iluminaron sus perfiles y dieron sentido y proyección a las propuestas que esgrimieron en medio del proceso político - cultural. Es ese movimiento el productor del cambio, el que permite la renovación y la creación de nuevos discursos, liderazgos y, en política, otorga certidumbres y esperanzas. Chile está inmerso hoy en una gran transformación que comienza a manifestar sus perfiles y anticipa la reconstrucción de un nuevo ciclo político y cultural.
Tras 20 años desde el mítico plebiscito de 1988, que abrió el camino a la recuperación de la democracia, está concluyendo un ciclo que ha sobrevivido por casi dos décadas, y que hizo posible la tolerancia social a la instalación cultural del capitalismo globalizado y la democracia restringida en prácticamente todas las capas de la sociedad chilena. Esa leyenda asentada sobre los miedos sociales al pasado fue posible además porque el acuerdo político encubierto de la post dictadura, se asentó sobre la experiencia política de las generaciones del siglo XX que dieron contenido a ese proceso, y que fueron sus protagonistas. La política de los progresistas dio por sentado que a la sociedad habría de ser conducida hacia el nuevo mundo de la globalización sobre la base de una despolitización y desmovilización deliberada, tarea que ya habían emprendido sus antecesores. Curioso proceso. Pensar en redemocratizar sin politizar la sociedad ha sido uno de los fenómenos que están en la base del cambio que se está gestando, tornándose a la vez en el sepulturero del orden pos Pinochet que agoniza.
Politizar es dotar de contenido de lo público a la ciudadanía, de hacerla partícipe de los cambios y de las decisiones sobre lo que concierne a la vida de individuos y colectivos; y en ello, en verdad no se han invertido las energías ni los recursos de la democracia conquistada. Chile no está constituido de autómatas que sólo desean consumir bienes y servicios, a quienes se les debe brindar un buen trato cual cliente del supermercado de la oferta pública.
El proceso político cultural en que se encuentra el país se ubicaría el la última fase: se transitó por la esperanza de lo nuevo, se pasó por la resignación y la aceptación de las cosas como son, y se ha entrado al cuestionamiento del orden existente. Importa detenerse en la actual etapa: los actores sociales en su diversidad temática y organizativa comienzan a expresar los nuevos contenidos de la política del cambio, intuyen y enarbolan promesas de nuevas certidumbres, se constituyen en actores y sujetos de las nuevas transformaciones, se vivencia una repolitización de la acción ciudadana. Estamos ad portas de un nuevo ciclo político e histórico.
Tan formidable proceso tendrá consecuencias sobre el futuro político del país, toda vez que exigirá de quienes lideren ese cambio, atender las claves de la nueva ciudadanía que emerge con la globalización y la sociedad del conocimiento y la información. Desde luego, ese entendimiento entre política y sociedad habrá de fundarse en un nuevo contrato social.
El viejo contrato que hizo posible la democracia que conocemos, habrá de considerar la nueva calidad de la ciudadanía global y territorial, demandante, exigente de los derechos humanos ampliados, a la vez que integrar nuevas modalidades de ejercicio de la democracia que hagan posible el anhelo social de gobernar las transformaciones para el mundo del siglo XXI.
No es fácil para la política mirar el futuro desde paradigmas que no contribuyen a explicar y comprender los fenómenos que vivimos como sociedad globalizada, pero es imperativo asumir que Chile no está al margen de los cambios que viven sociedades sacudidas por las desigualdades extremas, el deterioro medioambiental, las discriminaciones, la elitización de la política, o la des democratización.
Cuando los jóvenes proclaman la educación pública, los ambientalistas la protección de nuestro mundo, las mujeres libertad para decidir sobre sus derechos reproductivos, los pueblos indígenas, dignidad y territorio, los pobladores respeto a sus derechos, los nuevos trabajadores justicia social, deben ser valoradas como voces de promesas del cambio democrático que Chile anhela y no como amenazas a privilegios.
Estamos viviendo la reconstrucción de un nuevo escenario político, donde las claves de interpretación y acción política apropiadas para el siglo XX pudieron ser útiles, hoy devienen obsoletas. En esta búsqueda de un Chile para el siglo XXI, sólo cabe seguir estableciendo y ampliando diálogos y acuerdos sociales y políticos, vinculando sociedad civil y nueva política democrática.
Citas:
1.- Norbert Lechner (2002), Chile, el arraigo de la democracia en la vida cotidiana, Pág. 4
2.- Norbert Lechner (2002), Chile, el arraigo de la democracia en la vida cotidiana, Pág. 4
3.- Indice de la Sociedad Civil de Chile 2006. Fundación Soles - CIVICUS
4.- Informe del PNUD: Chile Las paradojas de la modernización. Desarrollo humano en Chile 1998. Santiago de Chile, 1998.
5.- La Democracia en América Latina, PNUD, 2004, Pág. 137
Foto: "Impossible Move" de Edwin Dalorzo

























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constituir reservas de agua dulce, generar recursos orgánicos es inevitable.
que leer el discurso de Porter !
para entender cuàles han sido las cortapisas, las trampas ( que nosotros mismos nos pusimos )
....Y pensar que nuestro futuro esplendor se ve empañado, no por gases contaminantes ( eso es otro tema ), sino por mentes nubladas y enfoques distorsionados.
saludos y luz en las sombras...